Cómo la matanza de elefantes financia el terror en África.

Cómo la matanza de elefantes financia el terror en África.
Cómo la matanza de elefantes financia el terror en África.

El guardabosques veterano, Jean Claude Mambo Marindo está sentado al lado de casi 100 colmillos incautados a cazadores furtivos en el Parque Nacional Garamba, en la República Democrática del Congo. El parque perdió a todos sus rinocerontes a manos de cazadores furtivos, quienes los asesinan por sus cuernos. Ahora, el parque está bajo asedio por su marfil, principalmente por soldados corruptos pertenecientes a fuerzas armadas nacionales y por el grupo terrorista llamado el Ejército de Resistencia del Señor (ERS).

Fuente: https://www.nationalgeographic.com/tracking-ivory/article.html
Traducción: Agostina Coll

Cuando el Museo Americano de Historia Natural quiso actualizar la sala de mamíferos norteamericanos, el taxidermista, George Dante, recibió un llamado. Cuando falleció la tortuga “El Solitario George”, emblema de las islas Galápagos, fue Dante quien se encargó de restaurarla. Pero Dante, uno de los taxidermistas más respetados del mundo, nunca ha hecho lo que le estoy pidiendo. Nadie lo ha hecho.

Quiero que Dante diseñe un colmillo artificial de elefante que se vea y se sienta como uno de los colmillos confiscados que me prestó la Dirección de Pesca y Fauna Silvestre de EE.UU. Dentro del colmillo falso, quiero que inserte un GPS y un sistema de rastreo satelital hecho a medida. Si puede hacer esto, le pediré que haga más colmillos. En el mundo criminal, el marfil funciona como una moneda, así que de algún modo, le estoy pidiendo a Dante que imprima dinero falso que pueda ser rastreado.

Utilizaré estos colmillos para cazar a quienes matan a los elefantes y para rastrear el camino que sigue el botín de marfil: de qué puertos sale, en qué barcos viaja, que ciudades y países transita y dónde termina. Los colmillos artificiales plantados en un país de África central, ¿Se dirigirán al este o al oeste hacia una costa con transporte seguro hacia mercados asiáticos? ¿Irán al norte, hacia la ruta de marfil más violenta en todo el continent africano? ¿O no irán a ningún lado luego de ser descubiertos y entregados por una persona honesta?

Mientras hablamos de mis preferencias en el diseño, los ojos marrones de Dante brillan como los de un niño en la mañana de Navidad. Para probar el marfil, los traficantes raspan el colmillo con un cuchillo o sostienen un encendedor debajo ya que el marfil es un diente y no se derretirá. Mis colmillos deberán imitar al marfil. “Y tengo que encontrar una manera de lograr ese brillo”, dice Dante, refiriéndose al brillo que tiene un colmillo limpio de elefante.

“También necesito imitar las líneas de Schreger”, le digo, refiriéndome al entramado de un colmillo aserrado que luce como los anillos de crecimiento del tronco de un árbol.

En esta escena del documental Explorer: Marfil de Sangre, Bryan Christy le presenta un nuevo desafío al taxidermista de renombre mundial, George Dante: crear un colmillo de elefante totalmente convincente. Más información acerca de la serie de Explorers.

Al igual que todo el mundo, George Dante sabe que el elefante africano se encuentra bajo asedio. Una clase media china en auge y con un insaciable gusto por el marfil, una pobreza devastadora en África, una aplicación de la ley débil y corrupta y más maneras que nunca de matar a un elefante han creado la tormenta perfecta. El resultado:
unos 30.000 elefantes africanos son masacrados cada año, más de 100.000 entre 2010 y 2012 y el ritmo de asesinatos no disminuye. Gran parte del marfil ilegal va a China, donde un par de palillos chinos puede venderse por más de mil dólares y los colmillos tallados por cientos de miles de dólares.

África del Este es el epicentro de la caza furtiva. En junio, el gobierno de Tanzania anunció que el país perdió más del 60% de sus elefantes en los últimos 5 años: de 110.000 a menos de 44.000. Durante el mismo período, el país vecino de Mozambique perdió más del 48% de sus elefantes. Los lugareños, incluyendo aldeanos pobres y guardaparques no remunerados están matando elefantes por dinero, un riesgo que están dispuestos a tomar porque, aunque los atrapen, las sanciones son insignificantes. Pero en África central, tal como supe de primera mano, algo todavía más siniestro está motivando los asesinatos: ejércitos paramilitares y grupos terroristas financiados en parte por el marfil, están cazando elefantes, fuera de sus países de origen y escondiéndose dentro
de los parques nacionales. Están saqueando comunidades, esclavizando personas y matando a los guardaparques que se cruzan por su camino.

Sudán del Sur. La República Centroafricana (RCA). La República Democrática del Congo (RDC). Sudán. Chad. Cinco de las naciones más inestables del mundo, según Fund for Peace, una organización de Washington D.C, acogen a quienes viajan para matar elefantes. Año tras año, las matanzas más grandes y horribles comienzan en Sudán, país que no tiene más elefantes pero que recibe a terroristas extranjeros que se dedican a la caza furtiva y que es hogar de los yanyauid y otros merodeadores sudaneses transcontinentales.

Los guardaparques son la única fuerza que combate a los asesinos. Sobrepasados en número y mal equipados, los guardaparques refuerzan la primera línea de esta violenta batalla que nos afecta a todos.
En la República Centroafricana, soldados ugandeses junto al Grupo Operativo Regional Africano buscan a Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor (ERS), arrastrándose con la ayuda de sogas para cruzar los ríos. Los soldados de Kony saltan de una frontera a la otra, escondiéndose en países donde el control es escaso.

En la República Centroafricana, soldados ugandeses junto al Grupo Operativo Regional Africano buscan a Joseph
Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor (ERS), arrastrándose con la ayuda de sogas para cruzar los ríos. Los
soldados de Kony saltan de una frontera a la otra, escondiéndose en países donde el control es escaso.

Capítulo 1: Las víctimas de Garamba

El Parque Nacional Garamba, ubicado al noroeste de la República Democrática del Congo y en la frontera con
Sudán del Sur, es patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO y es famoso por sus elefantes y sus
infinitos espacios verdes. Pero cuando le pregunto a grupo de niños y ancianos del pueblo de Kpaika, ubicado
alrededor de 48 kilómetros de la frontera oeste del parque, quiénes visitaron Garamba, nadie levanta la mano.
Cuando pregunto: “¿Cuántos de ustedes fueron secuestrados por el ERS?” es cuando entiendo por qué.

El Padre Ernest Sugule, el sacerdote de la aldea, me cuenta que muchos niños de su diócesis han visto morir a
miembros de su familia en manos del Ejército de Resistencia del Señor, el grupo rebelde ugandés liderado por
Joseph Kony, uno de los terroristas más buscados de África. Sugule es el fundador de un grupo que provee
asistencia a las víctimas del ejército de Kony. “He conocido a más de mil niños que fueron secuestrados”, dice a
medida que entramos a su iglesia, en el pueblo cercano de Dungu. “Cuando los secuestran son muy jóvenes y los
obligan a hacer cosas terribles. Muchos de estos niños quedan muy traumatizados cuando vuelven a casa”.
“Tienen pesadillas”, dice Sugule. “Tienen flashbacks. Sus propias familias temen que se hayan convertido en
demonios o que por la noche puedan asesinarlos. Se asume que las niñas fueron abusadas así que es difícil para
ellas encontrar un marido. Los aldeanos a veces se burlan de los niños que regresan y los llaman de la misma
forma que a los soldados de Kony: “ERS Tongo Tongo”. “ERS Corta Corta” es una referencia al despiadado uso que
los soldados hacen de los machetes”, explica Sugule.

El guardaparques Dieudonné Kumboyo Kobango junto a su hijo Genekpio, quien escapó luego de que el ERS lo secuestrara, dice: “Busco al ERS en cada patrulla”.

El guardaparques Dieudonné Kumboyo Kobango junto a su hijo Genekpio, quien escapó luego de que el ERS lo
secuestrara, dice: “Busco al ERS en cada patrulla”.

Kony es un ex monaguillo católico romano, cuya misión declarada es derrocar al gobierno ugandés en nombre del pueblo Acholi del norte de Uganda y gobernar el país de acuerdo a su versión de los diez mandamientos. Desde 1980, en Uganda, los secuaces de Kony han presuntamente asesinado decenas de miles de personas, rebanando sus labios, orejas y pechos de las mujeres, han violado niños y mujeres, han cortado los pies de aquellos que andaban en bicicletas y han secuestrado jóvenes niños para crear un ejército de niños soldados que luego se convertirán en asesinos.

En 1994, Kony se fue de Uganda y se llevó con él a su pandilla asesina. Primero se dirigió a Sudán, donde inició el patrón de saltos entre fronteras que aún lo hace difícil de rastrear. En ese momento, el sur y el norte de Sudán se encontraban en una guerra civil y Kony le ofreció al gobierno, en Jartum, una forma para desestabilizar el sur. Durante diez años Jartum lo abasteció de comida, medicamentos y armas, incluyendo rifles automáticos, armas antiaéreas, granadas impulsadas por cohetes y morteros. Fue gracias a los esfuerzos del grupo Invisible Children y a su video Kony 2012, que Kony se convirtió en un nombre conocido en el oeste. En los Estados Unidos, los presidentes George W. Bush y Barack Obama apoyaron esfuerzos para arrestarlo o asesinarlo. En 2008, el Departamento de Estado de los Estados Unidos designó a Kony como “terrorista global especialmente designado” y la Unión Africana designó al ERS como un grupo terrorista.

Los elefantes muertos financian el terrorismo. “Para Kony, el marfil funciona como una caja de ahorros”, dice Marty Regan del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Cuando el norte y el sur de Sudán firmaron un tratado de paz en 2005, Kony perdió a su aliado sudanés. En marzo de 2006, voló hacia la República Democrática del Congo e instaló un campamento en el Parque Nacional Garamba, en su momento hogar de alrededor de 4.000 elefantes. Desde Garamba, Kony expresó su deseo de paz con Uganda y envió emisarios a la neutral Juba, al sur de Sudán, para negociar con funcionarios ugandeses mientras él y sus hombres vivían con tranquilidad dentro y alrededor del parque, protegidos por un acuerdo de cese al fuego. Su ejército cultivaba vegetales. Kony incluso invitó a la prensa extranjera a su campamento para conceder entrevistas. Mientras tanto, desobedeciendo el cese de fuego, sus hombres cruzaron a la República Centroafricana, donde secuestraron a cientos de niños y esclavizaron sexualmente a mujeres que trajeron de vuelta al parque.

El Padre Sugule me presenta a tres niñas pequeñas que están sentadas en un banco de madera en su iglesia y que fueron secuestradas recientemente por el ERS. Geli Oh, de 16 años, pasó más tiempo con el ejército de Kony que sus dos amigas: durante dos años y medio terribles. Mira al piso mientras sus dos amigas susurran, sonríen radiantes y comen galletas que les trajimos. Geli Oh se anima cuando escucha la palabra “elefante”. Vió muchos elefantes en el Parque Nacional Garamba, donde el ERS la llevó. “Tongo Tongo le disparó a dos elefantes un día”, cuenta. “Dicen que cuantos más elefantes matan, más marfil obtienen”.

El ejército de Kony se redujo de un pico máximo de 2.700 soldados en 1999 a un estimado de 150 a 250 soldados principales. El asesinato de civiles también se redujo de 1.252 en 2009 a sólo 13 en 2014, pero los secuestros están aumentando nuevamente y sólo se necesita la presencia de unos pocos militantes armados para que aparezca el miedo entre la comunidad. En pueblo tras pueblo, a lo largo del camino entre la iglesia del Padre Sugule y lo que hoy se conoce como Sudán del Sur, me encuentro con víctimas de Kony quienes cuentan que fueron alimentados con carne de elefante y como, luego de matar a los elefantes, los militantes se llevaban el marfil.

¿Pero a dónde?
Lucienne Lanziwa consiguió un modesto salario luego del asesinato de su marido en un ataque del ERS en Garamba. Hoy en día, las viudas reciben una suma equivalente a 6 años del salario de un guardaparques.

Lucienne Lanziwa consiguió un modesto salario luego del asesinato de su marido en un ataque del ERS en
Garamba. Hoy en día, las viudas reciben una suma equivalente a 6 años del salario de un guardaparques.

Capítulo 2: El solucionador de problemas

Para rastrear mis colmillos artificiales desde la selva hasta su destino final, necesito un dispositivo de rastreo capaz de transmitir ubicaciones exactas sin zonas muertas. Necesita ser lo suficientemente pequeño y duradero para que quepa dentro de las cavidades que George Dante hará en los bloques de resina, con los que luego hará los colmillos. Quintin Kermeen, de 51 años, radicado en Concord, California, tiene las credenciales y la personalidad que estoy buscando. Kermeen se inició en el negocio del rastreo por radio cuando tenía 15 años y desde entonces ha construido rastreadores electrónicos y collares para animales: desde osos andinos y cóndores de California a demonios de Tasmania. Diseñó un rastreador GPS para que el Departamento de Estudios Geológicos de Estados Unidos incrustara en pitones de Birmania y pudiera monitorear a estas invasivas serpientes en los Everglades de Florida. Para su proyecto al estilo Judas, construyó collares por satélite GPS para permitir a las autoridades de control de pestes en Nueva Zelanda, enviar cerdos salvajes al bosque y localizar a sus invasivos amigos porcinos. Nos conocemos por Skype.

“Debes ser un amante de los animales”, le digo.

“No soy ningún amante de los animales”, me responde bruscamente. “Soy un solucionador de problemas”.

Me rio. “Entonces eres el hombre que necesito”.

En mayo de 2013, cazadores furtivos junto al grupo Seleka, masacraron a 26 elefantes en Dzanga Bai, un abrevadero rico en minerales en la RCA.

En mayo de 2013, cazadores furtivos junto al grupo Seleka, masacraron a 26 elefantes en Dzanga Bai, un abrevadero rico en minerales en la RCA.

Luego de meses de intentos, el dispositivo de rastreo de marfil confeccionado a medida finalmente llega por correo. Está conformado por una batería con una duración de más de un año, un receptor GPS, un transceptor satelital de iridio y un sensor de temperatura.

Mientras Dante comienza a insertar el rastreador de Kermeen dentro del molde del colmillo, un tercer miembro del equipo, John Flaig, especialista en aerofotografía -imágenes tomadas por lo menos a la altura de los aviones espía- se prepara para monitorear los colmillos a medida que se muevan. Utilizando la tecnología de Kermeen, podría ajustar cuantas veces por día intentaron comunicarse con un satélite vía internet. Los seguiríamos utilizando Google Earth.

En enero de 2014, mientras se escaneaba por rayos x un container con destino a Vietnam, cuyo contenido fue declarado como castañas de cajú, las autoridades portuarias de Togo vieron algo extraño: marfil. Eventualmente, se encontraron más de 4 toneladas: la incautación más grande de África desde que la prohibición de comercio de marfil entró en vigor en 1990. El ADN sugiere que parte del marfil es de elefantes asesinados en mayo de 2013 en Dzanga Bai en la RCA.

En enero de 2014, mientras se escaneaba por rayos x un container con destino a Vietnam, cuyo contenido fue declarado como castañas de cajú, las autoridades portuarias de Togo vieron algo extraño: marfil. Eventualmente, se encontraron más de 4 toneladas: la incautación más grande de África desde que la prohibición de comercio de marfil entró en vigor en 1990. El ADN sugiere que parte del marfil es de elefantes asesinados en mayo de 2013 en Dzanga Bai en la RCA.

Capítulo 3: “Quiero marfil para municiones”

El 11 de septiembre de 2014, Michael Onen, sargento del ejército de Kony, salió del Parque Nacional Garamba con una AK-47, 5 cargas de municiones y una historia. Onen es bajo y parece aún más pequeño cuando viste el uniforme militar camuflado de Uganda, el cual le queda largo de mangas. Se sienta en una silla de plástico frente a mí, en un espacio abierto en la base de las fuerzas de la Unión Africana en Obo, en el sudeste de la RCA, donde se encuentra detenido. Onen había sido parte de una operación de caza furtiva del ERS en Garamba, que consistió de 41 soldados, incluyendo a Salim, el hijo de Kony. La operación fue planeada por Kony, dice Onen. Durante el verano, los soldados de Kony habían asesinado a 25 elefantes en Garamba y estaban por regresar con el marfil obtenido.

A nuestro alrededor, deambulan soldados del ejército de Uganda, que conforman todo el contingente de la Unión Africana radicado en Obo y que están comprometidos a encontrar y asesinar a Kony. Los soldados aceptan a Onen como si fuese uno de ellos. Y de una manera fundamental lo es. Onen tenía 22 años la noche de 1998 en la que los soldados de Kony atacaron su aldea en Gulu, en Uganda y lo sacaron de su cama. Su esposa, a quien secuestraron después, fue asesinada.

Onen cuenta que se quejó desde el momento de su captura. Al ser de contextura pequeña, se resistía a tener que llevar los pesados paquetes que los militantes de Kony transportaban de un campamento a otro en sus patrullas a través de África central y por quejarse, era golpeado con un machete. Pero Onen se salió con la suya. En vez de ser obligado a ser un soldado, fue designado como comunicador –un operador de radio al tanto de todas las comunicaciones secretas de Kony.

Esta es una fotocopia del diario del teniente coronel del ERS, Vincent “Binany” Okumu, quien estaba a cargo de la caza de marfil en el Parque Nacional Garamba, según dicen los desertores. Escrito en acholi, el diario detalla las órdenes de Kony de conseguir cien colmillos de elefante. Las fuerzas ugandesas asesinaron a Binany en 2013 y recuperaron el diario.

Esta es una fotocopia del diario del teniente coronel del ERS, Vincent “Binany” Okumu, quien estaba a cargo de la caza de marfil en el Parque Nacional Garamba, según dicen los desertores. Escrito en acholi, el diario detalla las órdenes de Kony de conseguir cien colmillos de elefante. Las fuerzas ugandesas asesinaron a Binany en 2013 y recuperaron el diario.

Durante las fallidas negociaciones de paz con Uganda, mientras Kony se mantuvo escondido en Garamba de 2006 a 2008, Onen le fue asignado al negociador de paz de Kony, Vincent Otti. Onen recuerda que a Otti le gustaban los elefantes y por ello prohibió su asesinato. Pero luego de que Otti se fuera de Garamba para participar en las negociaciones de paz, Kony comenzó a matar elefantes por su marfil.

Otti estaba furioso, dice Onen. “¿Por qué acumulas marfil?”, le reclamaba Otti a Kony. “¿Acaso no estás interesado en negociar la paz?”.

“No, quiero el marfil para hacer municiones y seguir peleando”, era la respuesta de Kony, según Onen, quien escuchaba sus transmisiones. “El marfil funciona como una caja de ahorros para Kony”, dice Marty Regan de la Oficina de Conflictos y Operaciones de Estabilización del Departamento de Estado de los Estados Unidos. El ejército de Kony había llegado a Garamba en 2006 con pocas municiones para continuar su guerra, me cuenta Onen. “Sólo el marfil fortalecerá al ERS”, recuerda decir a Kony.

Estos desertores del ERS -todos secuestrados cuando eran niños y obligados a prestar servicio- ahora pelean para el ejército de Uganda. Con un promedio de 16 años en el bosque con el ERS, los hombres adquieren una enorme experiencia para cazar a Kony y a sus soldados.

Estos desertores del ERS -todos secuestrados cuando eran niños y obligados a prestar servicio- ahora pelean para el ejército de Uganda. Con un promedio de 16 años en el bosque con el ERS, los hombres adquieren una enorme experiencia para cazar a Kony y a sus soldados.

En vez de firmar un acuerdo de paz, Kony mando a matar a su negociador de paz.

Desde Garamba, Kony envió un equipo de exploración a Darfur para buscar forjar nuevas relaciones con las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), quienes lo habían apoyado contra Uganda. Kony esperaba poder intercambiar marfil por granadas impulsadas por cohetes y otras armas. Mientras tanto, según Onen, los soldados de Kony escondían el marfil enterrándolo en la tierra o sumergiéndolo en los ríos. Su relato fue corroborado por Caesar Achellam, un ex jefe de inteligencia de Kony que actualmente se encuentra bajo la custodia del gobierno de Uganda. Achellam me dijo que los hombres de Kony tenían planes para el futuro. Dijo que entierran baldes de agua sellados alrededor de las áridas rutas de viaje y que también entierran marfil para mantenerlo a salvo.

“Hoy en día pueden tener lo que quieran -dijo- y mantenerlo ahí por dos, tres o incluso más de cinco años”.

A fines de 2008, el ejército ugandés finalmente atacó el campamento de Kony en Garamba. El ataque aéreo, apodado Operación Trueno Luminoso, contó con el apoyo de la RDC, Sudán del Sur y Estados Unidos. Pero no derrotó a Kony ni a su liderazgo. La respuesta de Kony fue inmediata y salvaje. En vísperas de navidad, sus soldados se dividieron en pequeños grupos y asesinaron civiles. En tres semanas, las bestias de Kony asesinaron a más de 800 personas y secuestraron a más de 160 niños. La ONU estima que la masacre desplazó a más de cien mil congoleños y sudaneses. El 2 de enero de 2009, el terror se infiltró en los cuarteles de Garamba, en Nagero, donde los soldados de Kony incendiaron el edificio principal de los guardaparques, destruyeron equipo y mataron a por lo menos ocho guardaparques y miembros del staff.

Seis años después, el 25 de octubre de 2014, Onen me cuenta que su misión de caza furtiva a Garamba fue planeada para que le entregue marfil a Kony en Sudán. Kony era firme en sus transmisiones de radio. “No pierdan ni un solo colmillo”, le instruyó al equipo, según Onen, que dijo que el plan era llevar el marfil a un encuentro en la RCA y luego a un pueblo mercantil en Darfur llamado Songo, cerca de las guarniciones de las Fuerzas Armadas de Sudán en Dafaq. Una vez allí, dice Onen, los hombres de Kony intercambiarían el marfil con los militares de Sudán por sal, azúcar y armas. La relación es estrecha: “Las FAS le avisan a Kony si hay inconvenientes”, dice Onen.

Hasta donde Onen sabe, el equipo de caza furtiva que él abandonó continúa avanzando hacia el norte desde Garamba a través de la RCA, rumbo a Sudán. Para mí, es razonable pensar que la deserción del operador de radio podría haber ralentizado el envío de los 25 colmillos de elefantes a Kony.

Quizás, yo también pueda enviarle mis colmillos falsos a Kony.

Miembros del equipo de rastreo con perros de Uganda levantan pesas en la base de la Unión Africana en Obo, en la RCA. Los perros son pastores belgas malinois, famosos por su uso en operaciones militares, especialmente en condiciones difíciles como en la selva densa de África central.

Miembros del equipo de rastreo con perros de Uganda levantan pesas en la base de la Unión Africana en Obo, en la RCA. Los perros son pastores belgas malinois, famosos por su uso en operaciones militares, especialmente en condiciones difíciles como en la selva densa de África central.

Capítulo 4: “¡Eres un mentiroso!”

Un funcionario del aeropuerto Dar es-Salaam, en Tanzania –uno de los tantos países que exploré para introducir mis colmillos en el tráfico ilegal- mira una pantalla de rayos X a medida que mi valija pasa por su escáner.

“Abra esa”, me ordena.

Abro mi valija para mostrarle dos colmillos falsos y le entrego las cartas de la Dirección de Pesca y Fauna Silvestre de Estados Unidos y de National Geographic, las cuales certifican que son artificiales. Una multitud se acerca. Los funcionarios nos acusan y discuten. Aquellos que observan los colmillos piensan que soy un traficante de marfil. Aquellos que observan la pantalla de rayos X, que muestra los rastreadores en el interior, piensan que estoy contrabandeando una bomba. Tras una hora de acalorado debate, llaman al experto en fauna del aeropuerto. Cuando aparece, levanta uno de los colmillos y pasa su dedo por el extremo de la base. “Lineas de Schreger”, dice.

“Exacto”, le digo. “Los hice hacer…”

Todo África central es una granada de mano, cuyo seguro fue quitado por una historia de explotación extranjera, dictaduras y pobreza.

Me señala y grita: “¡Usted es un mentiroso, bwana!” (Bwana significa “señor” en suajili).

En diez años, nunca se equivocó y dice: “Los colmillos son reales”. La policía me arresta y me dan un escritorio para dormir. El productor televisivo de National Geographic, J.J. Kelley duerme en el piso en el área de espera. Pide agua para mí y se lo llevan fuera del edificio. Cuando regresa, horas más tarde, trae tres platos de pollo y varias botellas de cerveza, pagados por el jefe de policía. Los tres comemos juntos (el jefe de policía, musulmán, nos deja la cerveza a nosotros). Por la mañana, después de la llegada de funcionarios de la División de Vida Silvestre de Tanzania y de la Embajada de los Estados Unidos, me liberan.

Nuestro incidente en el aeropuerto fue una de las tantas dificultades que tuvimos con los colmillos artificiales. Varios funcionarios de Tanzania que habían presidido mi arresto en el aeropuerto, incluyendo el experto en fauna, volvieron al día siguiente para desearnos buen viaje. “Hicieron exactamente lo que se supone que deben hacer”, les dije mientras estrechaba sus manos.

Fue reconfortante ver que quienes aplican la ley en Tanzania están tan alerta ya que el país está plagado de quizás el peor tipo de caza furtiva en África y la corrupción abunda. En 2013, Khamis Kagasheki, el entonces ministro de recursos naturales y turismo de Tanzania, declaró que el tráfico ilegal de marfil “involucra a ricos y políticos que han formado una red muy sofisticada”, y acusó a cuatro miembros del parlamento de Tanzania de estar involucrados.

Capítulo 5: Los guerreros de Garamba

A mi alrededor escucho el click de las armas automáticas al ser cargadas. He volado desde los cuarteles del parque Garamba a una pista de aterrizaje de tierra dentro de las profundidades del parque para unirme a una patrulla contra la caza furtiva. Llego a lo que sería el frente norte de los guardaparques, un puesto fronterizo vulnerable tanto para los cazadores sudaneses como para el ejército de Kony. Aquí, una unidad de la patrulla forestal está desplegada permanentemente para proteger uno de los bienes más importantes del parque: una torre de radio en construcción. Garamba es manejado a través de una asociación entre el Departamento de Vida Silvestre de la República Democrática del Congo y Parques Africanos, una organización radicada en Johannesburgo, en Sudáfrica.

Desde el ataque de los soldados de Kony en 2008-2009, los guardaparques terminaron de construir nuevos cuarteles y adquirieron dos aviones y un helicóptero. Pero las municiones son peligrosamente escasas -ni siquiera son suficientes para un entrenamiento básico- y el arma más grande de los guardaparques, una ametralladora cargada con cinta, tiende a atascarse cada tercer round. A cada uno de los guardaparques con los que saldré, se les asignó unas pocas balas para cargar unas viejas y poco fiables AK-47, muchas de las cuales fueron incautadas a cazadores furtivos.

Durante ocho horas, nos sumergimos entre hierba de elefante tan alta, que es posible perderse estando a sólo 6 metros del hombre que tienes delante. Bajamos por barrancos de hierba y subimos colinas expuestos al enemigo a través de un turbio estanque que nos llega hasta la cintura. Al escuchar una rama romperse o al detectar un inesperado aroma en el viento, el guardaparques delante mio, Agoyo Mbikoyo, pide precaución y me agacho junto con el resto del equipo y espero en silencio. Hago una nota mental: los soldados de Kony y otros grupos armados caminan cientos de kilómetros desde Sudan a esta infinita cortina de hierba para matar elefantes. Me pregunto si los hombres de Kony están allí afuera en este momento.

Soldados congoleños siendo entrenados por Mathieu Eckel de Parques Africanos, una ONG que maneja el Parque Nacional Garamba junto a las autoridades de la RDC. La tarea de estos soldados es ayudar a los guardaparques a pelear contra los cazadores furtivos y grupos armados como el ERS.

Soldados congoleños siendo entrenados por Mathieu Eckel de Parques Africanos, una ONG que maneja el Parque Nacional Garamba junto a las autoridades de la RDC. La tarea de estos soldados es ayudar a los guardaparques a pelear contra los cazadores furtivos y grupos armados como el ERS.

El reciente número de elefantes muertos en Garamba es impactante, incluso para los estándares de África central. Los cazadores furtivos asesinaron por lo menos a 132 el año pasado, y hasta junio de este año, los guardaparques habían descubierto otros 42 cadáveres con agujeros de bala, de los cuales más de 40 se le atribuyen a una sola expedición sudanesa de caza furtiva – una pérdida total de más del 10% de la población total de elefantes del parque, la cual se estima que hoy es menor a 1.500 elefantes.

Desde marzo de 2014 hasta marzo de 2015, los guardaparques de Garamba registraron 31 contactos con cazadores armados, más de la mitad de los cuales viajaba en grupo al sur desde Sudán del Sur y Sudán. Estos incluían Fuerzas Armadas de Sudán del Sur (SPLA por sus siglas en inglés) y militares sudaneses, así como también desertores de esas milicias y una diversidad de rebeldes sudaneses. Los mismos soldados del Congo amenazan la frontera sur del parque y los aldeanos que viven alrededor del parque también cazan elefantes de vez en cuando.  Y se cree que alguien – no está claro quién- está asesinando elefantes desde un helicóptero, lo cual fue evidenciado por agujeros de bala en la parte superior de los cráneos y están removiendo los colmillos con lo que sólo pueden ser motosierras.

“Mi interpretación”, dice Jean Marc Froment, entonces director del parque, es que las milicias ugandesas “están llevando a cabo operaciones dentro de Garamba y al mismo tiempo están tomando marfil”. Pero, agrega, los cazadores furtivos podrían ser del SPLA, quienes utilizan los mismos tipos de helicópteros vistos en el parque. Un asesor de las milicias ugandesas desmiente la acusación de los helicópteros y sugiere que a los elefantes podrían haberles disparado en la parte superior de sus cabezas luego de haber sido asesinados.

Luego de trabajar extensamente a través de todo África central, Froment fue transferido a Garamba a principios de 2014, luego de que guardaparques descubrieran decenas de cadáveres de elefantes en el bosque.  Se suponía que sería una misión corta pero presencio demasiados asesinatos como para partir. Froment creció no lejos de Garamba, en una época en la que era posible volar sobre el parque y ver 5.000 elefantes en un solo encuentro. Hoy en día es raro ver 250 en una manada.

Los guardaparques se unen a un pelotón militar congoleño en una misión de 21 días al Parque Nacional Garamba, en búsqueda de cazadores furtivos, especialmente aquellos del ERS. Soldados corruptos y soldados militares de la RDC, Sudán y Sudán del Sur están masacrando elefantes en el parque. Entre el 24 de abril y el 17 de junio, los cazadores furtivos mataron a dos guardaparques en Garamba y a dos oficiales militares que asistían con patrullas.

Los guardaparques se unen a un pelotón militar congoleño en una misión de 21 días al Parque Nacional Garamba, en búsqueda de cazadores furtivos, especialmente aquellos del ERS. Soldados corruptos y soldados militares de la RDC, Sudán y Sudán del Sur están masacrando elefantes en el parque. Entre el 24 de abril y el 17 de junio, los cazadores furtivos mataron a dos guardaparques en Garamba y a dos oficiales militares que asistían con patrullas.

Froment utiliza la palabra “guerra” para describir la pelea entre los 150 guardaparques de Garamba y los cazadores furtivos. Si bien hay dinero disponible para proveer a los guardaparques con mejor equipamento, la compra de nuevas armas requiere la aprobación del ejército congoleño, algo que Froment no ha podido conseguir.

A mitad de nuestro patrullaje, nos topamos con un espacio de pasto quemado junto al río Kassi, donde tuvo lugar una batalla entre los guardaparques de Garamba y los cazadores furtivos del SPLA, en la cual, los guardaparques me cuentan, mataron a dos cazadores furtivos. Encuentro un fragmento de cráneo humano y en el lugar donde el SPLA había acampado, casi tomo una granada de mano activada confundiéndola por una tortuga bebé. Aún no había explotado.

Todo África central es una granada de mano, cuyo seguro fue quitado por una historia de explotación extranjera, dictaduras y pobreza. “El problema de la caza furtiva es un problema de gobierno”, dice Froment. “Protegemos a los elefantes para proteger el parque. Protegemos el parque para darle a la gente algo de valor”. El pelea por los elefantes porque sabe que sin la presencia de los animales, nadie apoyará a Garamba y el parque – al que él llama “el corazón de África”- estará perdido. Garamba es un crisol dentro de un crisol, un parque bajo asedio en un país que se encuentra a menudo en guerra civil en una región que casi ha olvidado lo que es la paz.

Durante nuestro patrullaje, no nos encontramos con ningún cazador furtivo ni grupo rebelde. Pero el tiempo acecha a nuestro grupo: meses después, el 25 de abril de 2015, mientras patrullamos, el guardaparques que me llevó a Garamba, Agoyo Mbikoyo, es asesinado de un disparo por un grupo de cazadores. En junio, tres oficiales más de Garamba son asesinados. Se cree que los culpables fueron sudaneses del sur, según Parques Africanos.

Capítulo 6: Plantar los colmillos falsos

Luego de visitar Garamba, arreglé con una fuente confidencial plantar mis colmillos en el mercado negro cerca de Mboki, un pequeño pueblo de la RCA, a mitad de camino entre Garamba y Sudán, el cual fue el blanco de ataques por parte del ejército de Kony y donde la gente que escapó de él encontró seguridad. De acuerdo a los datos almacenados en una unidad GPS extraída del cuerpo de un comandante del ERS, Vincent “Binany” Okumu, que fue asesinado en 2013 durante un tiroteo con las fuerzas de la Unión Africana mientras volvía de cazar en Garamba, este pueblo se encuentra en la ruta del marfil que conduce a la base de Kony en Darfur.

Guardaparques practican sus habilidades a caballo en el Parque Nacional Zakouma, en Chad. El parque tiene cuatro equipos de guardaparques a caballo ya que los caballos son la única manera de patrullar eficazmente durante la temporada húmeda, cuando los elefantes se dirigen a tierras más áridas fuera del parque.

Guardaparques practican sus habilidades a caballo en el Parque Nacional Zakouma, en Chad. El parque tiene cuatro equipos de guardaparques a caballo ya que los caballos son la única manera de patrullar eficazmente durante la temporada húmeda, cuando los elefantes se dirigen a tierras más áridas fuera del parque.

Capítulo 7: Blancos involuntarios

Era poco más de las 4 a.m en Heban Hill, en Chad, a 130 kilómetros de la frontera sudanesa y 100 kilómetros al noroeste del Parque Nacional Zakouma, hogar de una de las manadas de elefantes sobrevivientes más grandes del país: 450 animales. Seis guardaparques anti-caza furtiva y su cocinero -toda la unidad Hippotrague (termino en francés para “antílope ruano”)- estaban despiertos, vestidos con uniformes camuflados y se preparaban para el rezo matutino – devotos incluso en la oscuridad. Era temporada de precipitaciones y los guardaparques, al igual que los elefantes que protegían, habían dejado el parque en búsqueda de terrenos más altos.

Zakouma respira a sus elefantes. Los inhala en la temporada de sequía y los exhala en la temporada de lluvias. Durante la lluvia, el parque es más lago que tierra y los elefantes se dividen en dos grupos para escapar de las inundaciones. Un grupo se dirige al norte hacia Heban y el otro al oeste hacia el centro de Chad.

Una imagen gratificante regresa a Zakouma: bebés. Gracias a la intensificación de los esfuerzos, el parque no ha perdido un elefante a manos de cazadores furtivos desde 2012. Sin el estrés producido por la caza furtiva, los elefantes comienzan a reproducirse nuevamente y más de 40 crías han nacido.

Una imagen gratificante regresa a Zakouma: bebés. Gracias a la intensificación de los esfuerzos, el parque no ha perdido un elefante a manos de cazadores furtivos desde 2012. Sin el estrés producido por la caza furtiva, los elefantes comienzan a reproducirse nuevamente y más de 40 crías han nacido.

Los guardaparques de Heban tenían pocas razones para preocuparse por su seguridad. Estaban sustituyendo a un equipo que había atacado un campamento de cazadores furtivos sudaneses tres semanas antes y que había incautado más de mil rondas de municiones, celulares con fotos de elefantes hinchados y asesinados, un teléfono satelital con un cargador a luz solar, dos colmillos de elefante, un par de pantalones camuflados y un uniforme con la insignia “Abu Tira”-la infame policía de reserva central de Sudán, acusada de haber cometido asesinatos en masa, asaltos y violaciones en Darfur. Los guardaparques también recuperaron una licencia sellada por ejército sudanés que le otorgaba a tres soldados permiso para viajar desde Darfur hasta un pueblo cerca de la frontera de Chad.

El Parque Nacional Zakouma ha perdido casi el 90% de sus elefantes desde el 2002. Gran parte – casi 3.000- fueron cazados entre 2005 y 2008. Durante esos años, cazadores sudaneses llegaron en grupos de más de una docena de hombres armados, los cuales acampaban dentro del parque a veces durante meses, y mataron en una oportunidad a 64 elefantes en una sola caza. En 2008, cuando la Sociedad de Conservación de Vida Silvestre introdujo un avión de vigilancia, la caza furtiva se redujo pero los merodeadores sudaneses se adaptaron y regresaron en escuadrones de ataque de menos de 6 hombres, que se infiltraban desde afuera del parque para cazar por un solo día. Mataron menos elefantes por caza pero eran mucho más difíciles de rastrear y detener. “Hoy en día mi mayor temor es que comiencen a venir en pareja”, dice el director del parque Rian Labuschagne de Parques Africanos.

Los hombres de la unidad Hippotrague asumieron que luego de la redada del otro equipo, todos los cazadores furtivos habían regresado a sus casas. Pero, en su lugar, esa mañana los cazadores furtivos estaban escondidos tras los árboles rodeando el campamento de los guardaparques.  Los cazadores abrieron fuego y asesinaron a cinco de ellos. Un sexto guardaparques, un jóven vigilante, corrió por el cerro, desapareció y se presume que está muerto.  El cocinero del equipo, también herido, recorrió 18 kilómetros para pedir ayuda. Más tarde, cuando Labuschagne examinó la trayectoria de las balas en la escena, concluyó que los cazadores furtivos habían sido entrenados para abrir fuego cruzado, lo que combinado con la evidencia encontrada en la escena, apuntaba al presidente de las Fuerzas Armadas Sudanesas, Omar al-Bashir.

Típicamente, la historia habría terminado con el asesinato gratuito de estos guardaparques que protegían a los elefantes. Pero uno de los hombres asesinados, Idriss Adoum, tenía un hermano menor, Saleh, que decidió que cuando la lluvia parara, él y su primo irían a cazar a los asesinos a Sudán, donde muchas de las rutas del marfil conducen.

Cinco de los seis hombres de la unidad de patrulla Hippotrague fueron asesinados por cazadores furtivos fuera del parque, el sexto se presume muerto. La familia de Idriss Adoum (el segundo desde la izquierda) rastreo un sospechoso hasta Sudán. El cocinero, Djimet Said (al opuesto), fue baleado pero sobrevivió ya que caminó 18 kilómetros hasta el pueblo más cercano para conseguir ayuda.

Cinco de los seis hombres de la unidad de patrulla Hippotrague fueron asesinados por cazadores furtivos fuera del parque, el sexto se presume muerto. La familia de Idriss Adoum (el segundo desde la izquierda) rastreo un sospechoso hasta Sudán. El cocinero, Djimet Said (al opuesto), fue baleado pero sobrevivió ya que caminó 18 kilómetros hasta el pueblo más cercano para conseguir ayuda.

Capítulo 8: La complicidad de Sudán

Al igual que Somalia hizo con la piratería, Sudán hizo lo mismo con la caza furtiva. En 2012, casi cien cazadores furtivos sudaneses y chadianos cabalgaron a través de África central hasta el Parque Nacional Bouba Ndjidah, en Camerún. Establecieron campamento y en una embestida de cuatro meses asesinaron hasta 650 elefantes.  Según Céline Sissler-Bienvenu, directora de habla francesa del Fondo Internacional para el Bienestar Animal y quien dirigió a un grupo dentro del parque luego de la matanza, los cazadores furtivos eran posiblemente del grupo tribal de Darfur llamado Rizeigat, el cual tiene vínculos con los yanyauids- el violento grupo paramilitar del gobierno sudanés que ha cometido atrocidades en Darfur. En 2013, los cazadores furtivos sudaneses y chadianos estuvieron implicados en la matanza de casi 90 elefantes, incluyendo 33 hembras preñadas y crías recién nacidas, cerca de Tikem, en Chad, no lejos de Bouba Ndjidah.

El hecho de que los miembros de las milicias sudanesas intercambien armas por marfil con el ERS, plantea interrogantes acerca de los altos niveles del gobierno de Sudán.  En 2009, Bashir se convirtió en el primer jefe de estado en funciones del mundo en ser procesado por la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Al presentar el caso, el fiscal de la CPI, Luis Moreno-Ocampo, enfatizó el control que Bashir posee sobre los grupos de los que se dice están detrás del tráfico de marfil en Sudán: “Utilizó al ejército, alistó a la milicia yanyauid. Todos responden a él, todos le obedecen. Su control es absoluto”.

Michael Onen, el desertor del ejército de Kony, me contó que el ERS y los yanyauid habían peleado por el marfil, con un grupo robándole al otro y que fue el éxito de los yanyauid en traficar marfil lo que originalmente le dio a Kony la idea de comenzar a asesinar elefantes. El ERS le vende a las Fuerzas Armadas de Sudán, dice Onen.

Los colmillos artificiales siguen una ruta que, según me cuentan los desertores del ERS, lleva el marfil hasta la base de Kony en Kafia Kingi. Al momento, los colmillos podrían estar en Jartum.

A pesar del papel de Sudán como refugio seguro para grupos que trafican marfil, como el ERS, los yanyauid y otras pandillas de cazadores furtivos, el país ha atraído una atención oficial limitada como Estado de caza furtiva. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por sus siglas en inglés), una organización basada en un tratado que regula el comercio internacional de marfil – y su siguiente prohibición -han identificado ocho países como “de interés primordial” en lo que respecta al tráfico internacional de marfil: China, Kenia, Malasia, Filipinas, Tailandia, Uganda, Tanzania y Vietnam. Otros ocho países son considerados de interés secundario: Camerún, Congo, la RDC, Egipto, Etiopía, Gabón, Mozambique y Nigeria. Otros tres son clasificados como “de importancia para vigilar”: Angola, Camboya y Laos.

A pesar de que los cazadores furtivos sudaneses son la razón principal por la cual los elefantes son asesinados en varios de los países clasificados por la CITES como de interés primordial o secundario, Sudán no se encuentra en estas listas. Sudán, también es un proveedor bien documentado de marfil a Egipto y es el receptor de una sustanciosa inversión china en infraestructura, la cual normalmente proviene de trabajadores chinos, una fuente de contrabando de marfil en varias partes de África. Los negocios de marfil en Jartum hacen anuncios en inglés, chino y árabe. Según el Secretario General de CITES, John Scanlon, Sudán no aparece en las listas porque CITES establece prioridades basándose principalmente en las incautaciones de marfil y hubo pocas incautaciones de marfil en Sudán durante los últimos años. Esto plantea un interrogante: el marfil que se obtiene en Sudán ¿A dónde va?

Margaret Acino tenía 23 años, estaba embarazada y estaba trabajando en los campos cerca de Gulu, en Uganda, cuando un comandante del ERS pidió una navaja y ordenó a sus niños soldados que le cortaran los labios, las orejas y la nariz. Siete cirugías después, ella los perdonó. “Es más fácil de sobrellevar”, dice ella.

Margaret Acino tenía 23 años, estaba embarazada y estaba trabajando en los campos cerca de Gulu, en Uganda, cuando un comandante del ERS pidió una navaja y ordenó a sus niños soldados que le cortaran los labios, las orejas y la nariz. Siete cirugías después, ella los perdonó. “Es más fácil de sobrellevar”, dice ella.

Capítulo 9: El escondite de Kony

Mis colmillos artificiales permanecen inmóviles por varias semanas, un par de puntos azules con forma de lágrima en la pantalla de mi computadora, la cual muestra un mapa digital del extremo este de la RCA. Luego, como corcho en un agujero de pesca, algo pica. Se mueven unos pocos kilómetros. De repente, se mueven ininterrumpidamente hacia el norte, cerca de  20 kilómetros por día hacia la frontera con Sudán del Sur y evitando todo camino. Al decimoquinto día luego de que empezaron a moverse, cruzan Sudán del Sur y desde allí se abren camino al enclave de Kafia King, un territorio en disputa en Darfur controlado por Sudán.

Kafia Kingi está tan ampliamente reconocido como el escondite de Kony que en abril de 2013 una coalición de grupos, incluyendo a Invisible Children, Enough Proyect y Resolve publicaron un informe llamado “Escondido a plena vista:  el refugio de Sudán para el ERS en el enclave de Kafia Kingi, 2009-2013”. Los desertores del ERS con los que hablé consistentemente señalaban el área de Kafia Kingi como el lugar donde estaba el caudillo militar. También lo hacían las fuerzas militares de la Unión Africana, a cuyos hombres radicados en la RCA en Obo se les encarga la tarea de encontrar a Kony. “No es ningún secreto que Kony está en Sudán”, dice Marty Regan del Departamento de Estado. “Es su santuario”.

Pocos días después, los colmillos se mueven hacia Songo, el pueblo mercantil sudanés, donde Onen dijo que los hombres de Kony comercian el marfil. En Songo, los colmillos permanecen durante tres días en lo que parece un claro afuera de la ciudad. Luego, se dirigen 10 kilómetros hacia el sur, de vuelta a Kafia Kingi. Ordeno una captura satelital de su ubicación desde DigitalGlobe, un proveedor comercial de imágenes espaciales, y pido ayuda para interpretarla. Según el coronel Mike Kabango, de las fuerzas de la Unión Africana, la imagen muestra una carpa grande y otras dos pequeñas. Luego de tres semanas, los colmillos se dirigen al norte nuevamente, de regreso a Sudán. Cada vez más rápido, continúan hacia el norte antes de abruptamente girar al este, en dirección a Jartum.

Otros caminos también conducen a Sudán. Los familiares de Idriss Adoum, el difunto guardaparques en Zakouma, rastrearon a uno de los presuntos cazadores furtivos de Heban Hill hasta Sudán y arreglaron para traerlo de vuelta a Chad para juzgarlo. Soumaine Abdoulaye Issa había estado en Darfur, le dijo al equipo de investigadores de Parques Africanos, cuando escucho acerca de la misión de cazadores de elefantes a Chad, liderada por un miembro de las Fuerzas Armadas Sudanesas. Issa, que es de Chad, dijo que se unió al equipo de tres hombres sudaneses y que juntos manejaron más de dos semanas para llegar a Heban, donde asesinaron a nueve elefantes en cuatro días. Luego de que los guardaparques de Zakouma destruyeran su campamento y confiscaran su equipamiento, los cazadores no pudieron regresar a Sudán así que tres semanas después regresaron a Heban Hill y atacaron a la unidad Hippotrague.

Issa sostiene que él era sólo un vigilante, no un cazador furtivo. No estaba arrepentido. En una plaza pública en Am Timan, poco tiempo antes de su juicio, gritó: “¡Sé quién me traiciono! Escaparé de la cárcel y lo mataré”. Efectivamente escapó, y según rumores que corren en Zkouma, voló al norte de la RCA.

“Escuchamos que se fue con Seleka”, me cuenta el hijo de Idriss Adoum, refiriéndose a la violenta coalición rebelde que derrocó el gobierno de la RCA el 24 de marzo de 2013. De ser cierto, Soumaine Issa encontrará a los cazadores trabajando con Seleka. Seleka y su rival, anti-Balaka, han prendido fuego a personas, las han arrojado por puentes y han asesinado personas gratuitamente, convirtiendo a la RCA en un estado sin ley- el tipo de lugar donde el grupo de Kony y otras organizaciones terroristas prosperan. En mayo de 2013, cazadores furtivos sudaneses respaldados por Seleka atacaron Dzanga Bai, un oasis de elefantes en el Parque Nacional Dzanga-Ndoki, al sudoeste de la RCA, y mataron a 26 elefantes. Dzanga Bai, también conocido como el pueblo de los elefantes, es un estanque de barro rico en minerales donde los animales se congregan.

A principios de este año, Kony sufrió la deserción de su comandante de operaciones, Dominic Ongwen,               quien le dijo a las fuerzas de la Unión Africana que el deseo de Kony de marfil se había intensificado por Seleka. “Los rebeldes de Seleka tenían un stock de alrededor de 300 colmillos de marfil que vendían, lo que les permitía obtener las provisiones que los ayudaban a derrocar al presidente François Bozizé en la RCA”, le dijo Ongwen a las fuerzas de la Unión Africana, según informo. Ongwen dijo que el plan de Kony es obtener todo el marfil posible “para su futura supervivencia en caso de que no pueda derrocar al gobierno de Uganda”.

Ongwen también dijo que Kony pretende formar un escuadrón para establecer contacto con Boko Haram, el grupo nigeriano terrorista responsable de matanzas generales y el secuestro de cientos de mujeres y colegialas nigerianas. Boko Haram también utiliza la selva como base – el bosque de Sambisa en Nigeria, una reserva al sur del lago Chad. En marzo de 2015, el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, le prometió lealtad al ISIS y su grupo cambio de nombre a Provincia de África Occidental del Estado Islámico, dándole a ese grupo terrorista de Medio Oriente un punto de apoyo en África occidental.

Capítulo 10: ¿Que sigue ahora?

Hasta el momento, mis colmillos artificiales enviaron la última comunicación desde un pueblo sudanés llamado Ed Daein, 800 kilómetros al sudoeste de Jartum. Sé en qué casa están: utilizando Google Earth, veo su techo celeste en mi pantalla. Están en un lugar 2.2 grados Fahrenheit más frio que la temperatura ambiente asi que quizás estén enterrados en el jardín.  Hasta ahora, han viajado 965 kilómetros desde la selva hasta el desierto en sólo dos meses. El camino coincide con la ruta que los desertores de Kony me indican que el marfil toma en su camino a la base del caudillo en Kafia Kingi. Para el momento en que leas esto, mis colmillos ya podrían haber llegado a Jartum. O posiblemente hayan aparecido en uno de los países que más consume marfil ilegal: China.

Entre tanto, mientras los líderes en Europa, Medio Oriente y los Estados Unidos planean estratégias para ver como detener esta red internacional de terroristas en expansión, en algún lugar de África, un guardaparques defiende su puesto, sostiene un AK-47 con un puñado de balas y defiende la primera línea por todos nosotros.

La caza furtiva ha sido contenida en el Parque Nacional Zakouma en Chad, pero reconstruir la manada del parque, hoy en 450, llevará años.

La caza furtiva ha sido contenida en el Parque Nacional Zakouma en Chad, pero reconstruir la manada del parque, hoy en 450, llevará años.

Esta historia fue originalmente publicada en la edición de septiembre de 2015 de la revista National Geographic. Esta historia lanza la unidad de investigaciones especiales de National Geographic Society, la cual informará acerca de crímenes en la vida silvestre. Este proyecto fue posible gracias a la subvención otorgada por The Woodtiger Fund.